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La evolución de las compras a lo largo de los años

En estos soliloquios vehementes en los que a menudo me embarco, habréis notado cómo me gusta enfatizar los temas relacionados con el paso de los años. No sé si empujado por los pelillos blancos que ya empiezan a asomar a los lados de mi testa o por las punzadas de nostalgia que a veces me asolan, el caso es que me da por pensar lo que han cambiado nuestras vidas desde que numerosos aparatitos de los que se enchufan han asomado por el horizonte. Pero, como decían Martes y Trece, no quisiera desviarme.. y menos, en público.

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Hoy quiero hablar de algo que ha sufrido una transformación brutal y ha revolucionado espectacularmente el mercado en estos últimos años. Se trata de Comprar. Si… si… adquirir una cosa, objeto, chisme, aparato… Antes era muy fácil. Querías algo, ibas a la tienda, lo comprabas y te lo llevabas a casa. Listo. O tenías el dinero para comprarlo, o lo ahorrabas, o en algunos casos (pocos, porque no estaba tan extendido como ahora) lo financiabas.


Es importante hacer notar que este proceso de compra necesitaba su tiempo, es decir, tenías que acercarte a la tienda un par de veces por lo menos, comparar hasta elegir el producto y dar el paso de la compra. No era fácil y requería cierto grado de perspicacia para evaluar si la moto, que te estaba recomendando el vendedor, era gato o era liebre.
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Luego llegó Internet y cuando aparecieron las primeras tiendas online, el proceso de compra sufrió una enorme transformación. No sólo por el hecho en sí de la compra, que pasaba de la tienda al asiento de tu calentita casa, sino también porque aparecía un nuevo concepto antes nunca visto: las opiniones.

Supongamos que te querías comprar una lavadora nueva. Ibas a la página de la tienda online y elegías varios productos que se ajustaban a tus necesidades operativas y también al gasto que querías realizar. Estas lavadoras preseleccionadas pasaban ahora por un filtro nuevo: el de otros usuarios que la habían comprado previamente y que te contaban sus impresiones. Esto era lo nunca visto.

En una tienda convencional nunca te encontrabas con alguien que hubiese realizado tu misma compra. Te tenías que fiar de la calidad de la marca, de la pinta del producto y de las bondades que exhalaba el vendedor sobre el mismo. Ahora no. Fulanito o menganito estampan estrellas por doquier, puntuando e incluso comentando lo que les ha parecido su propia compra. Un regalo para el consumidor.

Bien es cierto que entre la primera fase y la segunda hubo (y todavía sigue habiendo), compradores que se apoyan en Internet para recabar información, pero siguen apostando por comprar en tiendas físicas. La confianza de ver el producto sigue siendo un bastión para muchos.

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Un paso más, una nueva vuelta de tuerca aparece cuando los smartphones asoman por el horizonte. La portabilidad en estado puro. Allá donde tú vas, van multitud de tiendas contigo. Las compras se facilitan una enormidad. Ya no sólo es fácil comprar, sino que lo puedes hacer en el monte, la playa, por la calle, en la consulta del proctólogo… En cualquier situación en la que nos encontremos podemos realizar una compra fácilmente.

Pero ojo, que esto es un peligro. En el proceso de compra inicial en el que nos teníamos que desplazar a una tienda había un factor temporal y espacial que nos obligaba a evaluar una serie de pros y contras y a desplazarnos al lugar de dicha compra. En la compra online no. Y es aquí donde aparece un nuevo concepto, llamado el ‘efecto de los 15 minutos‘. Este ‘efecto’, analizado por algunos sociólogos, nos dice que una compra compulsiva o espontánea, producida por un impulso repentino, tarda 15 minutos en perder sus efectos. Es decir, que te entra la necesidad de comprar algo que no hubieras pensado hace 5 minutos y que realmente no necesitas y que si aguantas 15 minutos sin comprarlo hay un alto índice de probabilidades de que no lo compres.

Estas compras compulsivas son un peligro. Hasta el punto de que ya hay aplicaciones de móvil circulando por ahí que establecen ‘blackouts’ o tiempos en los que el teléfono no te permite realizar compras online, bloqueando el puerto del protocolo https (normalmente el 443), encargado de establecer comunicaciones seguras para una compra. Y es que un estudio realizado en EEUU sobre devoluciones de compras Online desvelaba una curiosa estadística: un alto porcentaje de las compras devueltas a tiendas Online habían sido realizadas… el sábado por la noche.

Vamos, que te tomas unas copas y un nuevo mundo de adquisiciones se abre ante tus ojos y el efecto de los 15 minutos se tranforma en el ‘efesshhto dlas treshh horashh‘.

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La pregunta es ¿el consumidor ha ganado? Sin duda alguna. Es el pequeño y mediano comercio o incluso alguna gran superficie los que no pueden competir, en la mayoría de los casos, con los precios de las tiendas Online.

En estos momentos, otra vuelta de tuerca más se ha producido. Los nuevos modelos de iPhone nos ofrecen una posibilidad asombrosa y práctica: comprar con el dedo. Tu huella dactilar es tu dinero. Nos olvidamos de memorizar números de tarjeta, pines y CVV’s. Pones tu dedo y compras. Escalofriante.

Parémonos un momento a analizar esta frase:

Pones tu dedo y compras.

Compras.
Con tu dedo.
El dedo que quieras.
Pero compras.

¿Cuál será el siguiente paso? ¿Pensar en comprar algo y ya está?