Del iPhone 6 y de cómo la historia se repetirá
La verdad es que nunca lo he llegado a entender. En serio, muchas veces me he parado a pensar qué diferencia a un producto Apple de otros muchos, pero no en cuestión de calidad o funcionamiento: en cuestión de opinión. No pasa con otras marcas. O por lo menos yo no lo he visto. Si sale una televisión nueva de Sony, o unos altavoces de Yamaha o un reloj de Lotus, esta aparición pasa, no digo despercibida, sino de puntillas por nuestro entorno. Y no genera opinión.
Con los productos Apple es otra cosa. Y especialmente con el iPhone. La expectación que siempre ha generado ha sido abrumadora. ¿Por qué? Probablemente las razones surgieron del embrión que implantó Jobs en su día y que se podría resumir con la sucinta y españolísima sentencia: ¡Callarse leñe!































